Beneficios psicológicos del pádel

¿Es posible mejorar determinados estados de ansiedad con la práctica de pádel? La respuesta es sí. ¿Esta práctica deportiva hace que nos encontremos con una  mayor capacidad activa, menor tensión y ayuda a dejar atrás el estrés del día a día? La respuesta es sí, también. ¿Respalda el pádel la capacidad de fortalecer vínculos afectivos ante los demás y fortalece nuestra capacidad de relacionarnos? Por supuesto, sí.

La práctica del pádel vs. nuestra salud mental
Practicar deporte es beneficioso, de manera física y mental. Eso lo sabemos todos. Sin embargo, la práctica de pádel añade ciertos supuestos que mejoran de manera notable determinados estados de índole psicológico. Y estos son algunos de ellos:
 
–          Aminora la ansiedad: contribuye a la eliminación de las tensiones acumuladas en el día a día, desagarrotando la musculatura corporal producida por el ‘distres’ acumulado.

–         Ayuda al correcto funcionamiento del sistema cardiorrespiratorio: por lo que transpiramos de mejor forma, el cerebro se oxigena y tenemos una mayor capacidad de raciocinio, reduciendo dolores de cabeza y mejorando nuestro sueño.

–         Eleva la autoestima: la práctica regular de pádel eleva la sensación de ‘sentirse mejor’. La constancia y entrega favorecen la obtención de resultados deportivos, mejorando la interactuación con los demás y favoreciendo el intercambio de inquietudes.

–         Mejora las relaciones sociales: esta práctica deportiva aumenta de forma natural nuestro círculo de relaciones sociales. Se trata de una actividad que se desarrolla en pareja, en la que se intercambian experiencias y se favorece una mayor actividad social de tipo recreativo (almuerzos, excursiones, etc.)

–         Se toma mayor valor del esfuerzo: mediante duros entrenamientos se forman valores de superación ante las dificultades de la cotidianeidad, bien sean de carácter deportivo o no. La lucha por una meta deportiva es el reflejo de una lucha personal.
–         Mejora la autonomía, ayudándonos a alcanzar la madurez tanto dentro como fuera de la pista. La toma de decisiones ante el juego, la implicación, la estrategia, la responsabilidad, … favorecen el carácter del jugador que ve desarrollada de manera importante su capacidad de iniciativa.

–         Refuerza los vínculos afectivos: quien practica pádel se ve involucrado en una comunidad al margen de las ya formadas con anterioridad. Con ello se forma una nueva referencia de conducta ante nuevos ídolos de los que tomar referencia.

–         Baja el riesgo de padecer depresión: jugar a pádel puede tornarse como una eficaz terapia complementaria, incluso de carácter supletorio ante determinados tratamientos de salud mental. Para los expertos no hay duda: las personas activas tienen hasta un 40% menos de riesgo de padecer síntomas depresivos en comparación con las personas sedentarias.

La búsqueda de la sensación de bien generalizado comienza en uno mismo. Y el pádel puede ser un mecanismo, más que oportuno, para hacernos beneficiarios de las herramientas de las que disponemos. Si te sientes malhumorado, enfadado o molesto contigo mismo… ¿por qué es? ¿puedes hacer algo por cambiarlo?

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