Un IRONMAN desde dentro por Alex Aguirretxe

El mítico triatlón considerado lo más duro dentro de las pruebas de un día, se inventó en Hawaii. Fue una apuesta entre marines para dilucidar quien era el más fuerte y rápido en los 3800 metros nadando, 180km. de bici y 42´2km a pie que constó la prueba aquella primera vez.

Nunca se imaginarían aquellos marines en lo que se ha convertido esta competición, que tiene como colofón el Campeonato del Mundo que se celebra todos los años en la extenuante isla de Kona en Hawaii.

Afortunadamente la franquicia “IRONMAN” ha contado con una de sus pruebas Ironman en Vitoria-Gasteiz. El País Vasco se ha unido al selecto grupo de ciudades que cuenta con una de las pruebas de la franquicia, uniéndose por ejemplo a Niza, Vichy, Frankfurt, Zurich, Hamburgo etc.

Y ahora que ya nos hemos situado dentro del panorama triatlético pasaré a la parte más deportiva. Después de una larga preparación de 30 semanas en la que el entrenamiento ha sido realizado correctamente me presento en Vitoria a por mi décimo Ironman.

4:45 Suena el despertador para hacer el último desayuno, la verdad que siempre duermo genial antes de la prueba y esta vez no fue menos. Arroz blanco con un plátano y un batido de proteína, no suena muy apetecible pero es el desayuno que me funciona y aunque cueste comerlo a esas horas, no queda nada en el plato.

6:00 Cojo el autobús que pone la organización para subir a Landa que es donde nadaremos. Llego con mucho tiempo de más pero los nervios empiezan a hacer acto de presencia. Hasta que no vea la bici en perfectas condiciones no me quedo tranquilo. Hay que recordar que gran parte del material como la bici se queda en Landa desde el día anterior  y son muchas horas “sola”.

7:00 Las ruedas bien hinchadas, el material electrónico encendido, la bici bien lubricada y todo bajo control, esta es la sensación que buscas justo antes de empezar una competición que va a durar cerca de las 9 horas en el mejor de  los casos. Llegan a Landa mi hermano, mis amigos y mi novia que me dan los últimos ánimos antes de tirarme al agua. Es mi novia la que me recuerda una y otra vez “que no me vuelva loco en bici” que luego hay que correr una maratón…

8:30 Pistoletazo de salida y entro al agua muy enchufado, nado cómodo y rápido los primeros 1500 metros, después me resguardo en el grupo y empiezan los golpes por coger las mejores posiciones dentro del grupo. Tengo la sensación de que he nadado rápido y así es 56´ para 3800 metros que me dejan entre las primeras posiciones de mi categoría y no muy alejado de los profesionales.

9:30 Empieza el sector que más domino, la bicicleta y con muy buenas sensaciones empiezo a adelantar posiciones aunque no todo son buenas noticias, el estómago no está “carburando” bien y no consigo ir cómodo. Afortunadamente tomo un protector gástrico y todo empieza a fluir. Ahora sí, me empiezo a motivar y a sacar todo lo que llevo entrenado.

Enseguida me cantan que voy entre los primeros y también veo en una parte del circuito que tan solo van por delante los profesionales y tres o cuatro grupos de edad. Manteniéndome dentro de la estrategia de watios marcada llego hasta la primera posición de los no profesionales, todo va según el mejor guión y la motivación es muy alta.

Pero en una prueba tan larga pasan cosas y hay que saber lidiar con ellas. Sufro el primer pinchazo de rueda desde que llevo corriendo pruebas de larga distancia. Momentos de tensión, pena, rabia joder!! Por qué hoy??!!! Me bajo de la bici y arreglo lo más rápido que puedo dentro de lo nervioso que estoy. Solo llevo un recambio  y si algo sale mal se acabó la carrera. Afortunadamente consigo arreglarlo pero no consigo inflar la rueda bien y tengo que hacer los últimos 40 kilómetros de la bici casi en llanta. Solo pienso en no volver a pinchar y en llegar a Vitoria como sea. Pierdo varias posiciones pero ahora lo importante es terminar la prueba, ha venido mucha gente a animarme y hay que acabar…

Por fin llego a Vitoria. Entro en boxes, dejo la bici y me preparo para el momento más duro, la maratón. Visera, gafas, zapatillas, geles y mente en blanco, 42 kilómetros por delante para pelear por el pódium en mi categoría, no va a estar fácil ya que hay grandes corredores por detrás pero no tengo intención de regalar nada.

Los primeros kilómetros son de toma de contacto, el estómago funciona bien, las sensaciones son de energía y el dolor de piernas es llevadero en estos momentos. Primer parcial a poco más de 4´ el km, demasiado rápido… Tenemos que dar cuatro vueltas a un circuito de poco más de 10 km. Vitoria está abarrotado, escuchar tu nombre por megafonía “te pone” y ver a los tuyos tan cerca disipa el dolor de piernas que empieza a llegar para no irse hasta acabar. Los kilómetros van pasando y la alegría de las primeras zancadas ha desaparecido, ahora empieza la carrera de verdad.

Da igual todo lo que hayas entrenado para llegar aquí, el sufrimiento de los últimos kilómetros no se puede describir. Por fin entro en la última vuelta, 10 kilómetros finales y se acaba. Mi hermano no deja de animarme para que no baje el ritmo, voy entre los veinte primeros de la general y muchos vamos en un pañuelo. El pódium va a estar en cuestión de segundos. Cartel del kilómetro 41 (lo que hubiera pagado por verlo hace un rato) quedan 4 minutos pasados para cruzar la meta, de nuevo vuelven las energías de no se sabe dónde, alargo la zancada y por fin recta de meta. Un graderío lleno animando compensa todo el esfuerzo. Solo puedo agradecer todos los ánimos que he recibido y saludar a los míos y como no, disfrutar de esos 20 metros finales. El décimo “You are an Ironman” suena por megafonía y mi hermano desde un lateral me grita: – ¡Segundo! Subidón.

8 horas y 50 minutos. Decimoséptima posición general y segundo en categoría 35-39.

Nos vemos en Hawaii

 

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